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Telepatía

Ángel Gálvez

Teníamos cargado el coche con el equipaje para pasar un par de semanas en el pueblo. Mi mujer y yo estábamos enfadados desde hacía unos días durante los que solo habíamos hablado lo imprescindible.

Puse música para romper el inmenso silencio que había dentro del vehículo e iniciamos la marcha. Quería llenar el depósito y nos detuvimos en la estación Repsol más próxima a nuestro domicilio.
Mi mujer entró en la tienda a pagar la gasolina y también a comprar algo para el viaje. Cuando salió, aunque nos separaban unos metros, nos miramos y supimos que en aquellos minutos ambos habíamos pensado lo mismo. Evocamos una escena casi calcada, acontecida en esa misma gasolinera veinticinco años atrás y con un enfado idéntico. Entonces, jóvenes, ahora…

Subió al coche. Los dos habíamos revivido la misma “película”. ¡Telepatía!, dije yo. Sonreímos y, después de darnos un beso, retomamos el viaje. Se habían llenado de “gasolina” nuestros corazones. El mismo destino ya se dejaba ver de otra forma…